miércoles 26 de noviembre de 2008

El Madrid entra en calor

El Madrid de las batallas salió triunfante de Minsk, escenario de un combate gélido, con el termómetro en la mano. Jugó con la temperatura del partido, sabedor de su superioridad, y dejó dos caras bien diferentes. Posiblemente, completó sus mejores cuarenta y cinco minutos de la temporada y acabó dejándose llevar, propiciado por la confianza de sus armas y la debilidad de un BATE que no dio ni da para más. Los pinchazos de la Juve y del Zenit contra los bielorrusos pueden explicar el engaño producido en un grupo del que el Madrid sale vivo, pero con ciertas cicatrices.

No le importó al Madrid colocarse la coraza, guardarse las espaldas cuando tuvo que hacerlo y utilizar su arma de fuego. Schuster se olvidó de jugar a los entrenadores y el equipo lo agradeció. Ramos acompañó a Pepe en el centro de la zaga. No había motivos para el cambio, visto lo visto hace unos días. No hubo golpes recibidos.

Gago, Guti y Sneijder ejercieron responsabilidades en la zona ancha. El Madrid cogió los mandos desde el pitido inicial y cada uno de los tres instrumentos de la sala de máquinas realizó su función. El equipo salió favorecido. El argentino estuvo inconmensurable en la recuperación, ganando crédito sin complicarse. El '14' y el holandés le dieron al Madrid un aire necesario, nunca visto esta temporada. Corrió el Madrid, circularon bien los merengues y marcaron pronto para castigar la moral del BATE.


Primer asalto de interés
Drenthe, un extremo en patines que sigue contando con una confianza exagerada de Bernd, colgó un balón al corazón del área que, después de un error en cadena de la defensa local, llegó a los pies de Raúl. El '7', señor del gol en la Champions, sacó el fusil y marcó el único tanto del partido. La diana fue suficiente para minar a un rival de otro nivel, escaso, limitado.

El BATE tiene pocos argumentos para hacer daño, pero hay que reconocer la primera parte del Madrid. El equipo estuvo serio, controló la situación y mejoró desde los pies de Guti y Sneijder. Se partió la cara por su futuro. Además, acabó con ciertos marrones en defensa. Torres, que ofrece más bien poco en ataque, volvió a ocupar el lateral en una zaga que es otra con Pepe, totalmente distinta, tan diferente que está recuperando a Ramos, más entonado lejos del lateral.

El Madrid tuvo el asunto en su mano, pero no acabó de finiquitar al herido. Pasó por vestuarios y se mantuvo a la espera con parte del territorio conquistado. El BATE se creyó con vida, la que le dio un Madrid que dejó en el recuerdo su seriedad anterior. Tuvo problemas relativos la defensa blanca, los que concedió un Heinze que fomentó un par de agujeros no aprovechados. Los de Schuster perdieron el control del carro de combate, pero no se intimidaron en el cuerpo a cuerpo. Guti y Ramos acabaron con señales en sus rostros.

A Raúl, capitán general de las líneas blancas, no le importó ayudar pegado al costado del '8'. Se siente como en casa en partidos así, de los de escudo y corneta. Saviola, titular por primera vez en la temporada, no se cansó de abrir huecos por delante, aunque le faltó una definición que suele ganarse con continuidad.

Sonó el pitido final y el BATE sacó la bandera blanca, rendido. El Madrid pudo pagar su dejarse llevar, algo que suele tener su castigo en el verdadero calor de esta competición, cuando arranquen los octavos y la Copa de Europa añeja, en blanco y negro, reconstruya el camino a Roma. Ya en octavos, la primera plaza parece una quimera. Los bielorrusos tendrán que ganar en Turín y el Madrid, claro está, superar al Zenit. Calculadoras y termometros.

www.marca.com (25.11.2008)

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